18/01/2017

Judiciales

TESTIMONIOS DE FAMILIARES

Un duelo que comenzó y no termina

El hermano de Elisa Giménez fue identificado en 2015 pero ella aún peregrina por el Pozo de Vargas en espera de nuevos hallazgos para completar el cuerpo.
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“¿Esperé tanto para que me entreguen una pierna? Ya le dije al juez que no voy a retirar una pierna, quiero el cuerpo entero de mi hermano”, dice entre lágrimas Elisa Giménez, quien hasta los últimos días del año 2016 peregrinaba por el predio del Pozo de Vargas en busca de novedades sobre su hermano Armando Giménez, quien fue identificado a fines de 2015, pero aún no se hallaron todas las partes de su cuerpo. Elisa, como muchos familiares, comenzó un duelo que no termina.

Giménez fue secuestrado el 11 de junio de 1976, cuando tenía apenas 18 años y trabajaba como jornalero del ingenio San Juan. En ese entonces había sido convocado al servicio militar y, según se desprende del testimonio de Elisa, su hermano habría sido detenido en calidad de desertor.

Los peritos del CAMIT explicaron que en las excavaciones no se encuentran cuerpos completos, sino partes óseas que luego deben ser asociadas y articuladas hasta reconstruir el esqueleto. Por ello, en cada extracción de restos óseos, los familiares están expectantes por nuevos hallazgos que pueden ser de sus seres queridos.   

Josefina Molina, hija del ex vicegobernador justicialista Dardo Molina, también sigue expectante en la causa como familiar y querellante, luego de que su padre fue identificado el 20 de febrero de 2014 junto a otras doce víctimas.  “La sociedad tiene que tomar conciencia que existió un terrorismo de Estado, que no fue inventado por nosotros. Desde 2002, cuando se inició la causa, estoy muy involucrada, tengo un compromiso y me siento bien por ser parte de quien escribe la historia”, expresó a DocumentoTV.com, desde el pozo de inhumación clandestina.

Otra historia dolorosa es la de Miguel Arias, el enfermero que vivió una cruel ironía del destino. Atravesado por el dolor de la desaparición de su padre tuvo que atender los últimos días al ex general Antonio Domingo Bussi, internado en una clínica privada. En ese entonces, el ex gobernador de facto ya había sido condenado a prisión perpetua por la desaparición y muerte del ex senador provincial Guillermo Vargas Aignasse.

Segundo Bonifacio Arias era trabajador de los talleres de Tafì Viejo y fue secuestrado el 14 de febrero de 1976. Casi 40 años después fue identificado como una de las víctimas que fue arrojada en el Pozo de Vargas.

En medio de tanto dolor, los familiares buscan sembrar vida en un espacio donde hubo una masacre que los represores quisieron ocultar. Por ello, por cada víctima desaparecida que logra ser identificada plantan un árbol en el predio que rodea al pozo.

Desde el 2 de diciembre de 2015, el Pozo de Vargas quedó señalizado como Sitio de Memoria para recordar que allí funcionó un lugar de enterramiento clandestino  de víctimas del exterminio de Tucumán y de otras provincias.


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