22/02/2017

Tucumán

EL AVANCE DEL NARCOMENUDEO

Un duro informe revela el fenómeno del consumo de paco en Tucumán

El psicólogo especialista en adicciones, Emilio Mustafá, desnuda el efecto devastador de la droga, en especial del paco, en los barrios vulnerables del Gran San Miguel. Los “transas” ganan terreno y cada vez son más las familias que se involucran en la venta de drogas.
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En 2006 aparece el consumo de paco en los barrios vulnerables de la provincia y a partir de 2011 se afianza cada vez más a través del fenómeno del narcomenudeo, mientras no hay políticas de Estado que ataquen de forma integral este flagelo alentado por una pobreza estructural sin precedentes. Así lo sostiene un duro informe que revela el efecto devastador del narcotráfico, y especialmente del paco, en Tucumán, que fue realizado por el psicólogo especializado en adicciones Emilio Mustafá, quien hace nueve años trabaja con los niños y jóvenes adictos en los barrios marginales del Gran San Miguel de Tucumán.

En el escrito –al que accedió Documento-, el profesional señala que la irrupción del consumo de paco generó una “complejidad  de la enfermedad de las adicciones nunca antes vista, no solo por los severos daños (físicos y psíquicos) que causa en el adicto, sino también por la desintegración del grupo familiar, generando un impacto desestabilizador en la estructura social y en el Estado, que fueron sobrepasados por la magnitud y complejidad de las adicciones”.

El profesional advierte que este fenómeno comenzó luego de que la Argentina, a partir  de la crisis de 2001, dejó de ser un país de tránsito para transformarse en un país productor de drogas, principalmente cocaína. “Esto abrió las puertas para el consumo de paco (residuo de la elaboración de la cocaína), ya que sin la existencia de cocinas de cocaína no existiría el paco”, concluye y puntualiza que esa pasta base de cocaína ingresa por el norte argentino desde Perú, Bolivia y Ecuador.  

Es así que las primeras evidencias de un afianzamiento del narcotráfico en la provincia se dieron en la zona de Villa 9 de Julio, donde “comenzaron a funcionar las primeras cocinas de cocaína para consumo interno”.  

“Desde 2011 hasta la actualidad en la provincia emerge en forma más organizada y perfeccionada de narcotráfico, que se dio a llamar” “narcomenudeo”, el cual consiste en ramificar la forma de venta de sustancias en pequeñas dosis, a partir de muchos puntos de venta, abriendo al negocio a la mayor cantidad de personas. Esta forma garantiza a los medianos y grandes productores y proveedores masificar la venta, asegurándoles a la vez mayor impunidad y libertad para acrecentar su negocio”, detalla.

 Cómo funciona el narcomenudeo

Según el informe, entre  2012 y 2013, se profundizó el narcomenudeo como una “prueba incuestionable” del avance de la estructura del narcotráfico en el país. Es así que  la venta de drogas pasó a ser un negocio no tan solo de algún “transa” perteneciente a una banda sino también de familias que viven en los mismos barrios marginales En muchos casos, como una respuesta a la falta de trabajo y la seducción de un ingreso mucho más rápido.

“Estas familias involucran a todos sus miembros en la organización de la venta de drogas, por ejemplo los niños son los encargados de operar de campana ante alguna persona no conocida en el barrio o la presencia de la policía; los más jóvenes encargados del rayado de terrones de base y el empaquetamiento en pequeños papeles plateados. Las mujeres en general son encargadas de la venta y la administración de lo recaudado, los hombres del cuidado y compra de mercancía. Muchas veces cuando se da un allanamiento y es detenido algún miembro de familia, el negocio puede continuar por otro miembro ya que toda la estructura de la familia conoce la dinámica del negocio”, reveló  Mustafá.

Para el psicólogo especializado en adicciones, el avance de este fenómeno significó un “importante retroceso social” dado por un proceso de descomposición de vínculos y valores social, que a su vez generó una “mayor fragmentación y violencia” en la sociedad.

“En este etapa avanzaron la organización de “soldaditos” que operan como mano de obra barata para garantizar las necesidades del transa, o por disputar nuevos territorios enfrentando a otros transas, creciendo la violencia con armas de fuego y asesinatos por ajustes de cuenta. Los transas ganaron territorios en los barrios comprando casas para obtener mayores puntos de venta, ostentando bienes materiales, y realizando fiestas en las que regalan dosis a los jóvenes para que se muevan con ellos. Esto generó un mayor aislamiento en los vecinos del barrio e instaló un sentimiento de terror.  El crecimiento de narcomenudeo fue de la mano de la corrupción policial que mira para otro lado ante el avance del fenómeno”, sostuvo.




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